EL LOBBY, SINÓNIMO DE TRANSPARENCIA

La democracia se basa en la confianza que los ciudadanos sienten y depositan en las instituciones públicas, encargadas estas de establecer y regular las condiciones políticas, económicas y sociales que determinan el día a día de la ciudadanía.

Con unas muy cercanas elecciones europeas, este sentimiento de confianza se hace todavía más relevante. Según el Eurobarómetro de primavera de 2018 sobre la concienciación pública de las instituciones de la UE, el 50% de los ciudadanos europeos confían en el Parlamento Europeo, lo que representa un destacable aumento del 34% con respecto a lo que manifestaron al comienzo de esta legislatura.

Son muchos los esfuerzos que las instituciones comunitarias han hecho para conseguir despertar este sentimiento positivo en la ciudadanía. Entre ellos, destaca el aumento de la transparencia. De hecho, la toma de decisiones en la Unión Europea es un proceso caracterizado cada vez más por dos compromisos: transparencia y participación ciudadana.

Junto con la UE, estos dos valores también son la seña de identidad de una actividad muy presente en ella: el lobbying.
Frente a los prejuicios que todavía persisten hacia esta modalidad de democracia participativa, está la realidad. El lobby desarrolla su labor bajo los preceptos de la más absoluta transparencia. Prueba de ello es que para poder desarrollarse, las organizaciones que lo practican deben estar registradas en el Registro de Transparencia de la UE, de forma que ningún representante de la Unión Europea puede reunirse con un lobbista que no esté registrado en él. Es decir, el lobby no es una organización que actúa de manera siniestra bajo cauces oscuros y difuminados, sino todo lo contrario, el Registro de Transparencia y la publicación de cada reunión que un lobbista mantiene con representantes o funcionarios de la UE son un foco de luz blanca que ilumina el escenario político.

Hay quienes afirman que la celebración de repetidas reuniones de un comisario con un lobby determinado es una prueba de cómo los lobbies quieren influir en la toma de decisiones desde la oscuridad, pero ¿cómo va a ser así si la mayor prueba de transparencia es precisamente poder conocer que esas reuniones se han producido?

A partir del conocimiento de estas reuniones, podremos exigirles a los cargos públicos una rendición de cuentas sobre las decisiones que tras ellas han tomado. Decisiones para las que necesitan información sobre múltiples aspectos de un mismo tema, para lo cual ejerce un papel clave el lobby. Éste le proporciona a los representantes públicos el conocimiento necesario para poder tomar una decisión fundamentada. Es decir, la labor del lobby insta a la clase política a reflexionar y deliberar en torno a los temas presentes en la agenda.

A su vez, la relación entre los representantes públicos y el lobby representa un puente entre la ciudadanía y el poder público, permitiendo trasladar las necesidades y propuestas de los primeros a los segundos.

Así pues, el lobby se alza como el precursor de que la democracia actual progrese hacia un modelo más avanzado, pasando de una estricta democracia representativa a una provechosa democracia deliberativa y participativa.

Si desea conocer aspectos del lobbying tan interesantes como quiénes lo hacen y ante quién o cómo y cuándo se hace, podrá descubrirlos en el libro de nuestro socio director, Emiliano Alonso, El lobby en la Unión Europea. Manual del buen uso de Bruselas (Madrid, 2016). Puede encontrar la última versión del libro (2016) aquí y si tiene alguna cuestión al respecto, por favor no dude en contactarnos en info@alonsoasociados.com o en el +32(0)2 230 70 42.

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